¡Hola! Soy Imelda, mi nombre significa: “la que lucha con fuerza” o “la que lucha constantemente” y me fascina puesto que define tanto de mi, estoy aquí para compartir una de mis batallas. Pero antes de eso, quisiera darme a conocer.
Nací en Nuevo León, al Norte de Mexico, criada bajo buenas costumbres alimenticias y aunque no de alta calidad, mi madre siempre nos daba ¡alimentos reales!, en aquel tiempo, era un privilegio comer en restaurantes, es decir, MacDonald’s, Burger King y otros restaurantes. Éramos 3 hermosas criaturitas, 3 boquitas que alimentar y esos privilegios de comida rápida no los teníamos. Así que puedo resumir mi infancia como una hermosa época de salud y bienestar 🤗. Raramente teníamos snacks en nuestro día a día, lo que recuerdo de mis desayunos son los licuados de plátano con leche y un huevo crudo ¡ah! con canela arriba, ¡delicioso! Para mi tiempo de lonche, mamá solía llevarnos taquitos de frijoles con huevo, o un sándwich con mortadela, taquitos de chorizo con huevo, todo recién hecho, nada congelado. Llegando a casa ya mamá tenía la comida hecha, ya fuera milanesa con arroz, sopa de letras, pero siempre recién hecha. Para terminar el día, acostumbrábamos a comer carne (cuando a papá le iba mejor en el trabajo, cosa que yo ni siquiera sabía) con vegetales y claro, tortillas. Fruta era accesible en casa pero no a cada 5 minutos, papitas (como decimos en México) o chips solo en días especiales, tal vez un domingo cuando fuéramos de paseo, o cuando nos daban nuestro domingo (papá nos daba dinero cada domingo), gansitos, pingüinos y pan dulce eran también un privilegio. Hasta ahora me doy cuenta que esos snacks no los tenía porque no eran parte de nuestra cultura, gracias a Dios siempre tuvimos solvencia económica, no crecí en alta clase pero tampoco en austeridad o carencia. Fue hasta mi adolescencia que mi alimentación comenzó a ser más chatarra-basura😥, claro como adolescente, comía más comida chatarra en la escuela y en preparatoria mucho más, era más fácil y rápido comer comida en la calle que esperar a llegar a casa a comer; aunque mamá siempre tenía comida para nosotros. Cuando tienes salud, eres joven y tienes energía, ¿para qué preocuparte de la comida? 🤪
Quise comenzar con esta “raíz alimenticia” de mi infancia porque ese es una de las raíces que quiero compartir en este blog y de cómo afecta y marca la vida para bien o para mal. En mi vida tuve buenas raíces que me mantuvieron sana, pero con el paso del tiempo, fui deteriorando el posible buen fruto de esa raíz y me ha llevado a tener no buenos frutos, es decir no buena salud.
Nací en una familia sana, sin vicios, disfrutando de la naturaleza, a mis padres les encantaba llevarnos al río cada fin de semana; íbamos con todos los tíos, tías, primos y primas! Jugábamos a la lotería, nos metíamos al río, escuchábamos el chisme de las tías (sin entenderlo), veíamos a los tíos carcajearse, aunque también entrarle al alcohol. Pero siempre estuve en contacto con la naturaleza, de niña lo disfrutaba, de adolescente lo odiaba, pero ahora lo agradezco ⛰️🌞

Llegué a USA en 2016, cambios de idioma, de costumbres, de modos y sobre todo cambio de comidas que pasaron tan rápido, fue como un torbellino al que me metí sin ser consciente. Comencé a “americanizarme” y poco a poco fui dañando más mi cuerpo, porque ya estaba dañado cuando llegué a este país, pero no me había dado cuenta. Después de poco tiempo, comencé a transformar mi cuerpo, con aumento de peso notorio, pero ese fue solo el primer cambio externo que me estaba hablando de el mayor cambio interno que me estaba pasando. Enrolada en la rutina y en la prisa, no lo tome en cuenta, aunque si me pesaba en mi autoestima, porque, ¿a qué mujer le gusta estar en sobrepeso y comprar ropa cada vez mas grande? Pero no tomé las riendas de mi vida para solucionarlo 😩. Pasaron los años, 3 años exactamente cuando comencé a tener otros síntomas de mi mayor problema, que para ese tiempo aún desconocía; comencé a tener dolor en mis manos: artritis, también tenía tanto cansancio todos los días, no podía tener recuperación de energía cuando dormía. Me sentía mal pero tenía que trabajar y continuar fingiendo, era deprimente que una mujer de 32 años estuviera enferma, ¡por favor! ¡La vida apenas empieza a los 30!Así que continué con mis dolencias en silencio, un año paso, llego 2020 y todos estábamos en casa con la pandemia o COVID 😷, fue un tiempo que me ayudó a mirar hacia adentro y a estar conmigo y escuchar mi cuerpo (introspección). Por alguna razón, mi lógica me decía que si volvía a un peso saludable mis problemas de artritis y cansancio se irían, no tengo la mínima idea como ese pensamiento vino a mi. En ese tiempo tenía un sobrepeso de 30 libras (13.6 kilos). Con tanto tiempo en casa, por estar encerrados, comencé a investigar y encontré información acerca de la dieta Ketogénica y eso hizo sentido para mí y me lance al cambio. Libros como “Cerebro de Pan” , “Alimenta tu Cerebro” y “Más allá de tu Cerebro” me dieron el conocimiento para despertar y ver la cruda realidad de cómo estaba alimentando mi cuerpo. Deje de consumir todo carbohidrato procesado, no fue nada fácil, estaba tan acostumbrada al pan salado y dulce, a las chips, a las papas fritas, a la pasta, al arroz, a las tortillas de harina y de maíz; pero a estirones y empujones lo fui logrando. Y la “magia” comenzó… mi peso disminuyo notablemente, primero desinflamación y logré bajar 15lbs y me sentía mejor, aún padecía de dolores leves y esporádicos de artritis pero eran más tolerables, ¡mi energía estaba mejorando! En aquel tiempo mi esposo y yo cultivábamos algunos vegetales en nuestro pequeño jardín 👩🏻🌾👨🏽🌾 teníamos alimentos más saludables. Estaba teniendo luz en mis días, estaba disfrutando de una mejor vida.
Pandemia fue pasando y fuimos regresando a la rutina y a las prisas de la vida diaria. Me mantuve en mis alimentos ketos en un 99%, no voy a decir que fui todo el tiempo perfecta, porque la realidad no fue esa 😬. Pero descubrir que ese cambio que hice en mi alimentación hizo un cambio en mi salud me atrapó y me atrajo fuertemente a seguir investigando. Descubrí entonces que otros alimentos no ayudaban a mi cuerpo y me causaban inflamación, como los lácteos, ¡oh cuanto me dolió dejar el queso! 😭. Leí en ese entonces el libro “La dieta antiflamatoria”, que me abrió los ojos aunque fue más difícil que el primer cambio.
Y así seguí investigando día a día que mas podría hacer para el bien de mi cuerpo. Durante el 2022, aun con mis restricciones alimenticias y tratando de vivir sanamente, mis dolores regresaron y se agravaron y empezaron nuevos dolores como dolor de cabeza hasta grado de migrañas, depresión, cansancio extremo y mala, super mala digestión, perdida de cabello, uñas quebradizas y otros más. Entonces me frustré y me sentí perdida de nuevo, ¡no entendía que estaba haciendo mal! En el año 2023 mi esposo fue diagnosticado con cancer en riñón, y le tuvieron que remover todo el riñón, gracias a Dios el cancer fue extirpado con éxito 🥰. Ese año ya no podía estar enfocada en mí, tenia el cargo de cuidar de mi esposo, tuve que reprimir mis dolencias (otra vez) y solía vivir día a día en dolor 🤕 . Al final de ese año, 2023, me enfermé de gripa tan fuerte que mi esposo me llevo a emergencias y me hicieron análisis de sangre (cabe mencionar que desde 2016 que llegue a USA solo tenía mis chequeos femeninos anuales, pero nunca análisis de sangre). Ese día los resultados que me dieron no eran del todo balanceados, tenía indicaciones de problemas en el páncreas y otras cosas anormales que me alarmaron y, como mi esposo acababa de pasar por la fase de cancer, no lo pensé mucho y me fui con mi doctora principal, bien dicen “el miedo no anda en burro”😅
Al llegar con mi doctora me explicóque tal vez por la fuerte infección que tuve en aquel entonces mis laboratorios salieron desbalanceados, y me pregunto: ¿te preocupa algo de tu salud?, agarre el toro por los cuernos y le dije: “sí, porque si como tan saludable tengo estas dolencias y mi peso esta otra vez de subida?”

Ella me escuchó sobre mi estilo de vida en keto y que ya llevaba 3 años en ese cambio constante y fiel, y también tomo nota de mis otros síntomas y me mandó hacer mas análisis de laboratorio. Para cuando recibí los resultados me puse rápido a investigar que era eso de TSH, T4, T3 y que significaba que estuvieran tan altos y otros tan bajos, todo ¡totalmente fuera del rango! En mi cita de seguimiento , ella me confirmo mis sospechas: HIPOTIROIDISMO. ¿Había yo escuchado esa palabra en mi vida? ¡Nunca! Me comenzó a explicar lo que es y como iba a tener que vivir con una pastilla el resto de mi vida para “ayudar a mi tiroides a trabajar”. Yo sentí alivio porque por fin sabía que no eran alucinaciones mías el sentirme tan cansada y deprimida o antisocial, o exagerada por mis dolores de manos, aliviada de saber que si estaba enferma aún en mis 30; pero con pesadez porque yo no quería estar amarrada a una pastilla diaria el resto de mi vida. Regresé a casa, seguí con mi vida, empecé el medicamento y me puse a investigar mucho mas acerca del Hipotiroidismo. Descubrí que en el mundo de medicina la mayoría de las veces no se indaga si es solo Hipotiroidismo o si es enfermedad auto inmune, porque aun cuando se detecta una enfermedad auto inmune, pues no hay cura, así que ¿para qué indagar más? Pero me quedé con esa duda, si ya había sido diagnosticada con un Severo Hipotiroidismo, dándome dosis alta en la medicina, yo necesitaba también aclarar si esto era Hashimoto (enfermedad auto inmune). A los 3 meses me hice las pruebas de laboratorio para enfermedad auto inmune (TPO) y salió positivo. El rango de una persona sana, que no padece de Hashimoto es de 0 a 9, mis resultados fueron 1,844 😩. Y por supuesto la doctora me dió casi creo que el pésame: “lo siento, no hay cura para estas enfermedades, solo aprendes a vivir con ellas y la medicina de la tiroides puede a la mejor ayudarte. Eventualmente desarrollaras más enfermedades (diabetes, alta presión) pero todas ellas se pueden mantener controladas con medicina, muy en el futuro tu tiroides dejará de funcionar, pero con medicina puedes seguir tu vida normal” A lo que mi ser dijo: “ 🫨 ¡no voy aceptar esto!”. Entré en fuertísima depresión, pero Dios no me dejo caer, me envió muchos ángeles para sostenerme y no desfallecer.
Así comenzó mi larga e intensa búsqueda, desde mayo 2024 que no había parado de leer libros sobre Hipotiroidismo y Hashimoto, dietas para Hipotiroidismo, ejercicios, etc. Hice más cambios en mi vida, siguiendo esos libros, ¿me ayudaban? Sí, algunos, por un tiempo, pero después regresaban los mismo síntomas. Aclarando que nunca he dejado mi medicina. Para Mayo 2025 ya estaba diagnosticada con alto colesterol y prediabetes ☹️, ya tenían la medicina lista para mi en el consultorio, la cual nunca acepte porque no quería tener más medicina en mi cuerpo. Continué con mi comida saludable, ejercitando de vez en cuando, honestamente no veía el ejercicio como algo indispensable. Y me resigné a vivir el resto de mi vida con esta enfermedad, finalmente acepte que mi enfermedad auto inmune sería mi compañera por el resto de mi vida.
En Agosto 2025, cuidando de mi cuñado en su recuperación de una cirugía por la que tuvo que pasar, me puse a investigar sobre que alimentación le ayudaría para su salud, y ¡oh! sorpresa cuando comienzo a escuchar a un doctor hablando de “resistencia a la insulina”, me intrigó y me sentí tan identificada con todo lo que el doctor estaba diciendo, ¡era como si estuviera leyendo mi diario clínico! 😳. Indagué mucho más, me eché el clavado más profundo que pude y cada vez hacia más sentido para mí. Sin miedo, comencé a seguir sus consejos, nunca consulté con él, nunca consulté con mi doctora y me arriesgue, solo analice sus consejos y los apliqué a mi vida con cautela y con registros, ¡yo amo los registros! Empecé a tomar nota de mi peso, de mis medidas del cuerpo (no fue fácil, pues mi autoestima siempre ha sido lastimada cuando veía estos números), hice una lista de todos mis malestares y ordené mi glucómetro y lo puse en mi brazo y empece a ¡explorar el desconocido universo de mi cuerpo!

Como decimos en Mexico “agarré el toro por los cuernos” y empecé a ayunar 24 horas, (tengo que mencionar que ya tenía experiencia ayunando por 12 hrs) tenía una sola comida al día, la cual era 70% vegetales y 30% proteína. Dejé la carne roja por 2 semanas, consumía más salmón, pollo y huevo. Fue increíble el ¡cambio que tuve en solo 2 semanas!. Mis dolores de cabeza disminuyeron, de tener todos los días migrañas a tenerlos solo 1-2 veces por semana! Mis ojos ya no estaban sensibles a la luz, podía tolerar ruido a mi alrededor. Todo, todo cambió en 15 días 🤯, no fue 100% pero si fue super notable, sentía como que estaba volviendo a vivir. Continué mi reto de ayunar 24 hrs por 30 días (lunes a viernes ayuno 24 hrs, y sábado y domingo ayuno 20 hrs) y seguí aprendiendo más y más de mejores formas de alimentarme, me fui introduciendo al mundo de fermentos y aprendiendo como nutrir mi microbiota , así también de la importancia de ejercicio y del buen dormir. Sin excluir la importancia de una buena hidratación durante ayuno prolongado como el que estaba haciendo y de los suplementos que para mi condición eran de ayuda. No todo pasó de la noche a la mañana, ¡oh no!, fueron días de estudio, de ver videos, de leer libros, de probar en mi cuerpo y descubrir si funcionaba o no. Al pasar un mes y ver mas buenos resultados, decidí pasar a 100 días de ayuno 💪🏻 en ese primer mes perdí 13 a 15 libras (5.89 a 6.80 kilos), y aunque me fascinaba como mi cuerpo estaba siendo transformado, lo que más me motivaba a seguir adelante era lo diferente que mi cuerpo se sentía, la ¡energía y lucidez con la que vivía de nuevo!

Como lo he mencionado, investigando seguí aprendiendo de múltiples cosas que uno puede hacer para beneficiar-sanar el cuerpo. Encontré un anillo inteligente (RingConn) que mide niveles de estrés, presión, actividad física, signos vitales y decidí adquirirlo para conocerme más científicamente, y ¡wow! Obtuve más información y me ayudó a saber a que horas era mejor comer, también a no olvidar mis retos de cuanto caminar al día y sobre todo de mi calidad de sueño. Este ultimo me desplomó la mente, jamás hubiera pensado que mi ¡calidad de sueño afectara mi salud, mi glucosa, mi estrés, todo! Así que aprendí a prepararme para dormir adecuadamente cada día, con música, con aroma terapia y dejando electrónicos 1 hora antes de acostarme para calmar mi mente y preparar mi dormir.
Llegó el tiempo de ir a mi cita de seguimiento, ya había perdido 15 libras (6.80 kilos) y mi doctora estaba impactada de verme, perder peso es imposible para quienes padecemos Hipotiroidismo-Hashimoto (en la mayoría), le compartí mi cambio de vida y me dijo: “en tus laboratorios veremos si esto te está ayudando en tu salud”. Así que me realice mis pruebas de laboratorio y… mi tiroides estaba mejor, mis números bajaron en colesterol y en glucosa, y lo menos pensado fue que ¡¡¡mis niveles de anticuerpos de Hashimoto bajaron aproximadamente un 45%!!! ¡Si! ¡45% menos de anticuerpos! Pasé de 1844 a 834 🥳 La doctora simplemente me mandó un correo electrónico: “todo luce muuuy bien, tu dosis en tu medicina para Hipotiroidismo tiene que bajar un 20%, no necesitas nada de medicina para colesterol, puesto que ha bajado y esta dentro del rango saludable, tampoco estás en prediabetes, tus números han bajado también. Respecto a tus anticuerpos de enfermedad autoinmune (Hashimoto), no tengo comentarios, no entiendo como pudo pasar. Pero si esto que haces te está ayudando, sigue con ello”.

Ya mis ojos habían visto la luz 💡, para mí no había marcha atrás, es cuando decidí que esto sería UN CAMBIO DE VIDA 💚, no una dieta, no solo un reto de 100 días. Estaba del otro lado del puente, viviendo de nuevo y teniendo números científicos que comprobaban mí tiroides estaba mejor que nunca. Seguí con mis registros, con el glucómetro, con el anillo inteligente y todos los recursos que ya tenía en mi rutina. Investigando más y volviendo a escuchar esos doctores, especialistas en metabolismo que me habían ayudado (están en el apartado de PRINCIPIANTES sí te interesa).
Llegaron los 100 días, logré mi meta del peso antes de los 100 días, claro estaba súper feliz con la Transformación de mi cuerpo 🧘♀️, de mi mente 🧠 y de mi estado anímico🤪 Familia y amigos comenzaron a decirme que ¡me veían rejuvenecida!
Aún cuando me siento mucho mejor, tengo el reto de seguir ayudando a mi cuerpo a sanarse. Mi tiroides aún está dañada y entiendo que necesitaré más tiempo para dejar la medicina que aún tengo que tomarme todas las mañanas; desconozco mi nivel de anticuerpos tiroideos hoy día, pero sí conozco lo que ayuda a incrementarlos: la inflamación, la cual viene con la comida basura-chatarra-procesada.
Mi jornada no terminará cuando esos números cambien, mi Cambio de Vida es Radical, ahora puedo ver que la importancia de la Buena Alimentación no es sólo cuando el bebé nace y va creciendo, es ¡TODA TU VIDA!. Por ello comencé este compartir de como fue mi vida nutricional en la infancia, porque desde que nacemos (parto natural o cesárea), si fuimos alimentados con leche materna o leche de formula, etc. todo eso impactará nuestra microbiota, nuestras defensas, nuestro cuerpo, todo está conectado y favorece o perjudica!
Nunca recibí en la escuela información de cómo Alimentar mi cuerpo y cuidar de mi salud, en casa mamá me enseñaba con su ejemplo y cuidados pero no fui consciente de su importancia. El mundo, el comercio te pone en cada esquina toda la “comida” que te dañará y te enfermará, lo verás y sentirás en algún momento de tu vida; este Cambio de Vida no es fácil, es nadar contra corriente, contra comentarios de quienes te ven que no comes lo que todos comen o que simplemente no comas. Ese será un buen tema que compartiré mas ampliamente, puesto que es un gran reto para quienes quieran Cambiar Su Vida 🤔.
Quiero disfrutar de mis 41 años y lograr envejecer sanamente, esa es mi meta ahora. Mi Camino continúa pero al Otro lado del Puente, donde hay vida saludable. 🤗💚

